Un “Niño” no reconocido

FENOMENO DE EL NIÑO [540 x 480]

Por Carlos A. Bocanegra García*

 La alerta temprana de hechos o eventos climáticos extremos es lo que  caracteriza a la comunidad científica y las instituciones nacionales e internacionales, con la finalidad de actuar para evitar sus peores consecuencias. Sin embargo, hemos sido testigos de que no se ha cumplido en su total dimensión en lo que va del presente año.

Una de las razones que explican la tibia reacción humana ante las intensas lluvias, desbordes de ríos, inundaciones y huaycos es la existencia de respuestas de negación ante el fenómeno “El Niño”. Éstas se sustentan en aquellos que defienden posiciones de negación para encubrir y justificar actividades que no tendrían coherencia con su reconocimiento, como es el caso de autorizar la pesca del recurso anchoveta.

Pasaré a fundamentar mi apreciación. ¿Está ocurriendo “El Niño”?. De acuerdo a los antecedentes científicos y a la definición, El Niño, también llamado ENSO, es un cambio en el sistema océano – atmósfera que ocurre en el Océano Pacífico ecuatorial, que contribuye a cambios significativos del clima, generalmente durante un periodo entre diciembre y marzo. Las manifestaciones de este evento son debilitamiento de los vientos alisios, cesa el afloramiento de aguas profundas, las temperaturas del agua del mar empiezan a subir en el este del Pacífico tropical y aparecen las primeras anomalías positivas. La denominación de “Niño”, se atribuye a los pescadores de Perú, ya en el siglo XIX, para referirse a un calentamiento que ocurre todos los años alrededor de la Navidad en las aguas costeras de Ecuador y norte de Perú. Hasta ahora todos los episodios de El Niño” empiezan y terminan aproximadamente en la misma época del año, momento a partir del cual las anomalías comienzan a descender, para acabar desapareciendo unos seis meses después. La duración aproximada del fenómeno es de unos 18 meses (Por eso se menciona Niño 82/83, 97/98).

Durante los últimos 40 años se han producido varios episodios de El Niño. En los casos de episodios débiles las temperaturas del agua del mar en la superficie varían entre 0.5°C y 1°C respecto a la media y en los episodios fuertes las anomalías sobrepasan 1°C. Si revisamos los registros climáticos y biológicos del año pasado, desde febrero del 2014 se produjo el “disparo” del evento El Niño 2014-2015, que conforme transcurría el tiempo evolucionaba como un evento más que fuerte debido a los inusuales fuertes vientos cerca a Australia provenientes del oeste, característica incluso más rápida que en el Niño de 1997.

Las anomalías térmicas cálidas u ondas Kelvin llegaron a la Costa Peruana a nivel subsuperficial y originaron calentamientos de 2 a 3°C de la TSM a partir de mayo que provocó migraciones latitudinales y verticales de las especies pelágicas (anchoveta) y demersales (merluza). Se estimó que a fines de noviembre o diciembre del año pasado estarían llegando a Perú aguas con temperaturas por encima de los 28 °C. Sin embargo a partir de la segunda quincena de julio, las temperaturas del mar se enfriaron, observándose la recuperación de la anchoveta. Podríamos decir entonces que el “El Niño” se interrumpió, pero como la naturaleza no sigue patrones estáticos, las aguas volvieron a calentarse a partir de noviembre con una persistencia ascendente alcanzando valores de hasta 28°C en el norte en marzo de 2015. Anomalía térmica que aún persiste y que ha tenido consecuencias no sólo en distribución de las especies marinas, sino en la vida humana, pues se han registrado huaycos, desbordes de río, lluvias, inundaciones, llegando al extremo de contarse con pérdidas de vida de pobladores, aunado a la presencia de enfermedades como el “Dengue”.

¿Qué pasó con el Senamhi y el Imarpe, que en el 2014 afirmaban que tendríamos Niño 2014/2015? y ahora después de todo lo ocurrido, afirman que “El Niño” se presentaría en mayo 2015 y que el impacto será solo térmico y sin lluvias. Estoy totalmente asombrado por tales afirmaciones, que desvirtúan tanto la definición del Fenómeno climatológico, como los sucesos ocurridos.

Se ha llegado al extremo de parametrar a la naturaleza al afirmar que para que se considere “Niño” las anomalías térmicas deben ser consecutivas durante 3 meses, es decir ¿si se presentaran no 90 días sino 89 no sería Niño”?, esto es totalmente inaudito, es negar la dinámica de la naturaleza.

Pero, la pregunta es ¿por qué se ha negado “El Niño”? La respuesta según mi análisis es para justificar la captura de la escaza biomasa de anchoveta. Aquí los argumentos que sustentan mi opinión: 1) No es la primera vez que se suspende la pesca de anchoveta al constatar la mayor proporción de juveniles, pero lo anecdótico es que se decreta suspensión (veda) por 48 horas, y actualmente por 5 días, me pregunto ¿en 48 horas o en 5 días los juveniles pasarán a ser adultos?. La medida restringirá la actividad extractiva dentro de las áreas centro-norte, dentro de las 20 millas marinas de distancia a la costa. Sin embargo, por otro lado se fija en 2.58 millones de toneladas la cuota de captura. Todo indica que la reducida biomasa de anchoveta se está concentrando pegada a la costa y a profundidad que solo es accesible para la pesca industrial, lo cual la vuelve muy vulnerable a la pesca indiscriminada, y que sin duda terminarán con el desove, reproducción y crecimiento de la especie.

Y como para completar el ciclo depredador, el Poder Judicial dio una medida cautelar contra el Decreto Supremo N°011-2013 (Produce), lo que permitiría que industriales puedan pescar anchoveta desde la milla 5 y no desde la milla 10 en la siguiente temporada de pesca. «Esta resolución judicial es dictada en momento preciso y justo, puesto que estamos próximos a iniciar una temporada de pesca de anchoveta», expresaron los integrantes de la asociación en un comunicado.

Además, recordaron que al litoral peruano podría ingresar una nueva Onda Kelvin a fines de marzo, lo que provocaría que el recurso anchoveta se repliegue a la costa, es decir, entre las millas 5 y 10 del mar peruano. Se acepta que los científicos dicen solamente la verdad, tal como ellos la entienden. En otras palabras, los científicos, cuando hablan o escriben de sus experiencias científicas, no dicen mentiras. Conviene distinguir entre la mentira y el error. Errores se cometen en la ciencia. Los investigadores tienen conciencia de que el conocimiento generado por su trabajo es probabilístico e incompleto, pero cuando lo proponen están convencidos de que, por el momento, es lo mejor que existe. La mentira es otra cosa: es una afirmación cuya falsedad le consta a quien la formula, sea porque la inventó o porque tiene pruebas de que no es cierta. El mentiroso sabe perfectamente bien que lo que dice no es cierto, pero de todos modos lo dice, seguro de que los demás le van a creer. Lo que está ocurriendo no es más que un fraude científico pues es una acción deliberada que atenta contra la credibilidad de los informes científicos. La idea de deshonestidad en ciencia es repugnante. Uno puede pensar que son locos, obtusos, simples, idiotas o alucinados, pero nunca piensa que falten a la verdad en forma consciente. El resultado de la actividad científica difiere de otras formas de “conocimiento” en tres propiedades bien definidas: 1) no es absoluto, como son los dogmas religiosos o los decretos reales, sino que más bien es tentativo y perfectible; 2) está basado en el estudio de la naturaleza, en lugar de ser producto del mero raciocinio o de la obediencia a reglas generales arbitrarias; 3) permite hacer predicciones sobre acontecimientos futuros, que si se confirman lo refuerzan y si fracasan lo ponen en duda.

El conocimiento producido por la ciencia no es ni completo ni permanente. En conclusión entonces estamos ante un “Niño” no reconocido, que conforme va creciendo se vuelve más impredecible y por lo tanto manipulable y lo que es peor con representantes de instituciones que en lugar de informar, desinforman, confunden y van contra todo con el fin de justificar lo injustificable.

•  Biólogo Pesquero, docente principal de la UNT.

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