Seguridad ciudadana: una tarea pendiente del gobierno
Por: Willder Alarcón Pérez
En las elecciones presidenciales del 2011, uno de los factores que posibilitó que Ollanta Humala sea electo presidente fue el compromiso de liderar la lucha contra la inseguridad ciudadana, que ya venía azotando al país. Cuatro años después, podemos afirmar que Humala ha hecho poco para combatir la delincuencia que se ha convertido en la preocupación más grande de la población. Las estadísticas así lo confirman. El 89% de los peruanos considera a la inseguridad ciudadana como el principal problema del Perú.
Cuando Ollanta llegó al gobierno, no tenía ni la más mínima idea que hacer al respecto. Y pensó que podía ganar puntos fáciles con el tema. Así, presidió un par de veces las sesiones públicas del Concejo Nacional de Seguridad (CNS), en las que se dedicó a dar órdenes como un militar “haga una evaluación en tantos días”, “solucione el problemas”. Pero no le funcionó. Y Humala se apartó discretamente del CNS.
Óscar Valdés, fue el primer elegido para presidir la cartera del Interior. Su único mérito para ocupar el cargo fue ser instructor del presidente en la Escuela Militar. La ignorancia de Valdés en materia de seguridad se vio reflejado al instante, además de llevar a varios de sus amigos militares en retiro para ocupar puestos en el Ministerio del Interior (Mininter), pasó al retiro a 29 generales para nombrar director de la PNP al general Raúl Salazar, uno de los recomendados de palacio e intentó desactivar una de las mejores y más eficaces unidades policiales, el escuadrón Águilas Negras (AN), pero no la consiguió.
Las crisis se fue agravando, y la respuesta del gobierno nunca llegó. Al igual que gobiernos anteriores, solo se dedicó poner parches como: capacitar policías, entregar vehículos policiales o promulgar algunas leyes, que no solucionaron el problema.
Lugo, sin pena ni gloria, siete ministros se sucedieron en el cargo. Lo único que lograron fue crear más confusión y desorden.
Wilfredo Pedraza y Daniel Urresti, son dos de ellos. En el periodo de Pedraza, se promulgó un paquete de leyes al amparo de facultades extraordinarias, que crearon, entre otras cosas, una burocracia monstruosa con infinidad de direcciones, para darle ocupación a casi medio centenar de generales y cientos de coroneles. Urresti, Además de hacer comentarios desatinados del tema, como mencionar en una conferencia de prensa que a la población no le preocupa el sicariato, porque el 90% de las víctimas son delincuentes, se dedicó a insultar a políticos de la oposición y a periodistas.
Falta menos de un año para que culmine el gobierno de Ollanta. La evaluación en materia de seguridad ciudadana en su gobierno es un fracaso, producto del desconocimiento con que se maneja el tema. De las siete personas que ha elegido para ocupar el ministerio del Interior, ninguno ha hecho algo destacable en el sector.
En el discurso presidencial del pasado 28 de julio, la opinión pública esperaba con ansias lo que diría Humala con respecto a la inseguridad, pero este, solo dedicó nueve minutos al tema y la población quedó más preocupada. Puesto que se centró solo en resaltar la inversión que ha hecho su gobierno en seguridad.
El presidente sigue pensando que la inseguridad se va a solucionar tan solo con entregar patrulleros, aumentar el número de efectivos policiales y con sueldos justos. Es cierto, con mejores equipos tecnológicos y más recursos económicos la policía realizará un mejor trabajo, pero para solucionar el problema se requiere más que eso.
La seguridad ciudadana hoy más que nunca tiene que ser una política de Estado. Mi punto de vista del tema es que se debe hacer un análisis integral de los distintos factores externos que han permitido su avance, y a partir de allí trabajar un plan integral para mitigar el problema.
Uno de los aspectos a tener en cuenta será la familia. Es aquí donde el niño adquiere las primeras normas sociales y valores que guiaran su futuro.
La pobreza y el desempleo, son otros de los factores que producen la inseguridad ciudadana. Un gran número de personas que carecen de recursos económicos, para mantener su familia y no cuentan con un empleo, caen en la desesperación y atentan contra los bienes ajenos y la integridad física de las personas.
En conclusión, más que crear leyes y dotar de armamento a la policía, se requiere trabajar un plan exhaustivo, en donde se tenga en cuenta los siguientes aspectos. Abarcar campos de la educación inclusiva y de calidad, con sistemas integrados de cultura, valores, deporte, que los jóvenes tengan mayores oportunidades en el ámbito laboral de acuerdo a su edad, buscar más espacios de ocio positivo, por ejemplo, la creación de espacios de recreación en las zonas más vulnerables de los distritos, donde los jóvenes puedan invertir su tiempo, a parte esto ayuda a tener calles más seguras.
Otro aspecto que también es fundamental, es la mayor transparencia en nuestro poder judicial, en la policía nacional y demás poderes del estado, que actúen de manera honesta, haciendo que la población pueda confiar en ellos y no anden con el temor a no ser respaldados por las cabezas del Estado.
Es así como podremos tener una sociedad más sólida y reducir estos escalofriantes escenarios que nos dejan con la intriga si salimos o no de casa.

