Sabor sobre ruedas

Escribe: Mario Chumpitazi

Doradita, gordita, crujiente y con un sabor que se mantiene después de 50 años. Esta es la famosa papita rellena de Tori. El carretillero del sabor. Segundo Toribio, un hombre de 76 años, bajito, moreno, de andar lento, empujó su carretilla vieja por muchos años a los colegios San José, Claretiano e Inmaculada vendiendo los más sabrosos productos que su sazón ha dado y ­­–creo yo–, seguirá dando.

Tori tiene una memoria extraordinaria, sabe exactamente quién le debe. Cuando cumplimos 20 años de haber dejado el cole, él fue el invitado de honor, estuvo en la cabecera de la mesa, junto a los profesores, ni más ni menos. Le preguntamos quién de nosotros le debía, a lo que él respondió, después de mirarnos fijamente “ninguno chicos. Todos ya me pagaron”, riéndose a carcajadas. Aunque yo creo que por ahí alguien le debía y en intis.

En los 80, el pan con papa (que hoy en día ya no está en el menú) se acababa en cinco minutos, todos se amontonaban para degustarlo. Pero era el cebiche de jurel, el que se llevaba las palmas, pescado muerto a manazos, como nos burlábamos. Nada que envidiar al cebiche del exclusivo Mariscos capitales, picantería pituca en Lima. Su robalo habría tenido chucaque ante el achorado jurel. La cebolla fresca, mococho en abundancia (para hacer bulto) y un camotito de 3×3 centímetros, dulcísimo, eran y son los acompañantes perfectos para este cebiche a lo Tori, yummy, yummy.

Para bajar el rico cebiche, estaba la deliciosa chicha morada, al tiempo, su envase eran botellas de gaseosas con un papelito como tapa, pasteurización, ja, naaaaaa, en 1988 esas cosas “no existían”, nunca nos dio nada. Dulcecita, con sabor a maíz morado por todos lados pasaba rico por la garganta.

Y no podía faltar el postre, rosquitas dulces que se desasían en la boca, te podías comer cinco al hilo y seguir, seguir y seguir. A veces llegaba al cole (San José) solo con rosquitas, ya que los malditos del Claretiano se habían comido todo. Actualmente ese sabor se mantiene, inolvidable, con recuerdos hermosos de estudiante.

Los años no pasan en vano, hoy, Segundo Toribio, se estaciona en el parque grande de California, atrás quedó la maratónica correría a los colegios. Los autos más exclusivos de la ciudad llegan hasta el parque para arrasar con las delicias preparadas por Tori. Ahora tiene una moderna carretilla roja y blanca, con sombrilla, suministrada con la empresa Claro. Esperemos seguir viéndola por muchos años más.

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