Desborde del lumpen: del ejército a cárceles psiquiátricas

  • Por: Crisanto, F.

 Hace más de diez años lo escuche en las calles, “que espera el gobierno, para sacar de una vez al ejército y protegernos contra la delincuencia”, parecía una idea descabellada, pero haciendo una comparación de cómo habíamos derrotado a movimientos subversivos y terroristas del siglo XX, no lo era, fue entonces que le dimos forma a la “idea” y lo difundimos en la región San Martín.  En la campaña electoral del año 2016 escuchamos a algunos candidatos, ofrecer, sacar al Ejército para que apoye a la Policía Nacional si ganaban el proceso electoral nacional, no ganaron, y el nuevo Presidente de la República del Perú, PPK, anunció que:

  • Primero, necesitamos mejorar drásticamente la inteligencia policial. Hay que reorganizarla y darle recursos. Segundo, hay que eliminar el tope de las sentencias acumulativas. Tercero, hay que reorganizar nuestras cárceles. Tenemos 77 mil presos en cárceles con una capacidad de 30 mil. Muchos de los 77 mil son jóvenes que han cometido faltas menores y que están sin sentencia. Hay que construir nuevas cárceles y debemos considerar concesionar, como experimento, un par de cárceles a ver si ese modelo funciona. Cuarto, tenemos que tener más comisarías y facilitar las denuncias. Solo el 15% de los delitos son denunciados porque las comisarías no son modernas. Nosotros queremos construir 400 nuevas comisarías. Hay que poner dinero ahí. Se viene tratando de hacer las cosas sin poner un centavo. Eso no funciona.
  • Hay que concentrarse en los 15 o 20 distritos donde está el 60% del crimen. Si nos concentramos ahí para empezar, podemos tener rápidamente resultados
  • Tenemos que saber cuál es la verdadera cifra de homicidios y delitos. La cifra oficial de homicidios creo que es ocho por cien mil habitantes, pero mucha gente no denuncia los crímenes, por lo que hay que empezar por saber la verdadera cifra.
  • En un año se puede bajar a la mitad.

He vuelto a recoger lo que piensa la calle, y ellos han vuelto a decirnos; “a los delincuentes deberían sacarlos a trabajar, lugar de tenerlos comiendo y durmiendo”, revisando la historia del Perú, esta nos cuenta que en el siglo XVIII hubo, “trabajo forzado” en el Perú, y la idea tampoco es descabellada, en países desarrollados no solo existe “pena de muerte” sino también trabajo forzado a los delincuentes.

Crítica a la propuesta de PPK

Francesca Emanuele, nos dice que, acumular las penas, como lo plan­tea el recientemente electo presidente Pedro Pablo Kuczynski, no disminuirá la criminalidad. Así lo señalan numerosos estudios a nivel mundial, entre ellos el último informe del Consejo Nacional de Investi­gación sobre Encarcelamiento Masivo en EE.UU. La efi­cacia de las penas está en su certeza, en que verdadera­mente se arreste a los delincuentes, no en encarcelarlos por más años porque los delincuentes operan sobre el op­timista supuesto de que no serán detenidos. Ya en los últimos 5 años, el número de reclusos se ha in­crementado en casi un 40% y las prisiones en la actualidad tienen un 124% de sobrepoblación carcelaria. Otra medi­da del plan de gobierno de PPK es la reducción “del peso relativo de las perso­nas privadas de liber­tad a través del uso de los grilletes elec­trónicos” para faltas menores. En efecto, esto aliviaría el haci­namiento en las cár­celes. Por último, la reforma del sistema penitenciario del ex­ministro pasa un programa que “permitirá que los inter­nos generen sus propios recursos económicos para au­tosostenerse” y “que no sigan viviendo del ocio”. Como buen hombre de negocios, PPK aborda el tema carcelario desde una perspectiva economicista que prin­cipalmente beneficiaría a las empresas contratistas que dotarían al Gobierno peruano de los grilletes y de la ges­tión de los programas de trabajo forzado que se busca implementar. De lo que el señor Kuczynski nos está ha­blando, por si aún no nos hemos dado cuenta, es de la in­minente reforma del sistema penitenciario peruano, con­virtiéndolo en uno privado o semiprivatizado. El error de estos planteamientos es que obvian el pro­pósito fundamental de las prisiones: el ser espacios de rehabilitación…

Salud mental, cárceles psiquiátricas

A los ciudadanos que vivimos las realidades de las calles, no nos importa las antipatías académicas que se tengan unos a otros, lo que nos interesa, es que las políticas públicas desde el Estado, sean efectivas y que protejan a nuestras familias. Los hechos nos demuestran que las “prisiones no han cumplido a cabalidad su labor de ser espacios de rehabilitación”, muy por el contrario, la sensación que tenemos es que son “espacios de especialización”, y que aún no hemos puesto sobre el tapete el problema de fondo: En la bibliografía sobre criminalística y delincuencia organizada se hace referencia a una conducta “antisocial” que muchas veces dejan más preguntas que respuestas. Muchas veces confundimos “Temperamento” con “Carácter”. Sin embargo el temperamento es con lo que nacemos, el carácter es lo que hacemos con nuestra propia intencionalidad. Aquellos que cometen un delito, quebrantan la Ley, roban, asesinan, secuestran, promueven con sus actos zozobra social, ¿son dementes, psicópatas desalmados, pacientes psiquiátricos?, los psiquiatras empiezan a estudiar, “las sociedades psicopatizadas”, que bajo el hambre del dinero roban, secuestran, matan sin remordimiento alguno. Los antropólogos sin desconocer los estudios de “temperamento y carácter”, estudiamos su influencia cultural en la personalidad. Para M. J. Parellada Redondo, D. Moreno Pardillo y C. Arango López, Trastorno antisocial de la personalidad, Lexus Editores, 2,010, pp. 491, ‘Tradicionalmente se ha aludido a estos sujetos como psicópatas, locos, sin delirio o insanos moralmente’. En general, se reconoce influencias tanto biológicas como ambientales en el desarrollo de la personalidad antisocial. En el caso de los psicópatas con mayor influencia biológica en su conducta y un funcionamiento psicopático grave, el tratamiento psicológico es prácticamente ineficaz. En este sentido, en muchos momentos el psiquiatra se ve ante la cuestión de si el trastorno antisocial de la personalidad es una enfermedad o un problema moral o de comportamiento. Estos factores pueden ser de índole ambiental o genética. En los modelos neurobiológicos recientes de la personalidad, muchas de las dimensiones de esta muestran un alta heredabilidad.  Estudios de heredabilidad a partir de estudios familiares y de gemelos han demostrado que la mayoría de las diferencias individuales en los rasgos de la personalidad adulta pueden ser atribuidas a factores genéticos.

Finalmente, cuando PPK nos dice que, hay que construir nuevas cárceles y debemos considerar concesionar, como experimento, un par de cárceles a ver si ese modelo funciona. También es importante proponerle a PPK que se tomen en consideración el trabajo en “salud mental” en las cárceles donde los profesionales en psiquiatría, antropología, psicología, psicoanálisis, sacerdotes y pastores puedan contribuir con la auténtica “rehabilitación” que todos esperamos.

  • Antropólogo social.

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