¡Silenciemos el concierto de bocinas…!

Freddy_Galvez_Delgado

Por: Freddy Gálvez Delgado (periodista)
www.prensavirtualtrujillo.blogspot.com

En una de sus más ambiciosas iniciativas, la Municipalidad Provincial de Trujillo persigue ante la UNESCO considerar  nuestra ciudad como Patrimonio Mundial de la Humanidad. La idea es magnífica. ¿Quién puede oponerse…? Eso significaría elevarla al envidiable nivel de los lugares más famosos del planeta. Sin embargo, para que el más importante organismo cultural del orbe nos otorgue ese cartel, es obligatorio cumplir ciertos parámetros.

Uno de ellos es reducir al mínimo el empleo de las bocinas en los vehículos, aspecto que constituye uno de los más serios problemas. Con un sobredimensionado parque automotor, que bordea las cien mil unidades móviles, donde cada chofer usa el claxon a su antojo, afrontamos un casi infranqueable factor en contra.

El panorama se agrava por la falta de educación de los conductores, el incumplimiento del reglamento de tránsito y el carácter benigno de las sanciones.

Quienes resultan perjudicados por la contaminación sonora, causa de numerosas enfermedades, son los moradores, peatones, centros educativos, hospitales e instituciones en general. Parte de la responsabilidad recae en  las autoridades que dejaron avanzar esta dificultad y las actuales por no tomar la decisión, ni encontrar los canales para solucionarla.

En las grandes metrópolis, que albergan millones de habitantes y circulan muchos más carros, aunque usted no lo crea, nadie suena el claxon. Utilizarlo sin motivo es atentar contra la paz y tranquilidad pública. Aparte de hacerse merecedor a una elevada multa. En cambio, en Trujillo y casi todo el Perú, por una inexplicable razón, no sucede lo mismo.

Es inconcebible que los autos transiten dentro del centro cívico y las urbanizaciones generando un ruido infernal ante la pasividad de los inspectores municipales y la policía.

Y, en caso que se les sancione, en fiestas patrias y navidad, el municipio invierte el dinero que tanto necesita, anunciando descuentos hasta del ochenta por ciento en las papeletas. Así, aunque les duela a algunos. O ningún conductor coincida con nosotros, simplemente “no se hace patria” y el caos continuará.

Por eso es que Trujillo, en las horas punta o en cualquier momento, es una “olla de grillos” o “de sapos”, por decir lo menos. Un solo ejemplo. Es inadmisible que una persona detenga su auto frente a una puerta y, en lugar de bajarse y tocar el timbre, suene la bocina mortificando al vecindario entero.

Esa y solo esa actitud, nos retrocede a las tinieblas de la civilización y es una evidencia de lo atrasados que estamos en comportamiento cívico.

Si anhelamos que Trujillo sea elegida Patrimonio Mundial de la Humanidad, eduquemos a los pilotos. Empecemos eliminando las cornetas, sirenas y silenciando el ensordecedor y dañino concierto de bocinas…

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