Gestión de la participación ciudadana y la cultura popular como herramientas para combatir al COVID – 19

Por: José Espinola*[1]
Lo importante ahora son las soluciones. Y para ese propósito, las ciencias sociales, deben contribuir a la gestión social adecuada del COVID – 19. La experiencia profesional me permite comprender que es posible mejorar cualquier proceso de gestión social, si utilizamos las herramientas adecuadas. En ese sentido, propongo que se trabaje fomentando la participación ciudadana y la colaboración interinstitucional.
Para potenciar la participación ciudadana, hay que ir más allá de solo dar a la ciudadanía un papel de divulgador de noticias o de vigilancia a los políticos de turno. Tampoco, se la puede limitar al acatamiento de la cuarentena. La participación ciudadana puede ser mucho más potente si se gestiona el entramado social y los micro poderes que ahí residen. Es decir, hay que pasar del poder concentrado en la punta de la pirámide social, a un poder, que radica en la base de esa pirámide. En esa base están las empresas, instituciones, familias, ciudadanos de bien y otros; es decir, un gran número de actores sociales con capacidad suficiente para mejorar la gestión social contra el COVID – 19.
La participación social es mucho más fructífera si se estimula y no se obliga; no basta con pedir a la gente que no salga de su casa. Menos con solicitar el apoyo solidario del ciudadano, pues cada quien razona, desde una perspectiva costo – beneficio, las ventajas de acatar una orden o solicitud. Por ejemplo, no es lo mismo pedirle que acate la cuarentena a una familia con estilo de vida de clase media que a una familia que apenas subsiste con lo poco que consigue con su trabajo del día a día. A los primeros les preocupa recuperar su estilo de vida, a los segundos, les preocupa resolver su necesidad de alimento y techo. Del mismo modo, un joven soltero estará menos preocupado que una persona con carga familiar. Dicho en otro modo, en base a cada realidad, se puede elaborar estrategias que estimulen una mayor participación ciudadana, y ello servirá como soporte para tener recursos e ideas de solución para gestionar mejor el tema social de la crisis actual.
Partiendo de lo dicho, considero que una idea para potenciar la seguridad alimentaria de las familias se puede lograr, creando un Fondo Colectivo Ciudadano (FCC), para que las empresas, organizaciones, familias, y otros que se encuentran en capacidad de apoyar, donen dinero o víveres con una meta de recaudo para poder alimentar con ello, a las familias que más lo necesitan. Mecanismos similares se han empleado para atender a los afectados por el fenómeno El Niño, otro ejemplo, es la realización de la Teletón en apoyo a los internos de la clínica San Juan de Dios. Y siempre se ha podido cumplir las metas, con el apoyo de los que más tienen, a los que menos tienen. Los peruanos tenemos implantado ese mecanismo de solidaridad, nos viene de tiempos ancestrales, es parte de nuestra cultura popular.
Los que más tienen, a cambio de su colaboración, podrían tener un reconocimiento público y obtener algún beneficio tributario (proporcional a su apoyo) después de un tiempo que se haya levantado la cuarentena. De este modo, todos ganan. (no olvidemos que siempre hay un razonamiento costo – beneficio).
Otra idea consiste en hacer que los repartos de víveres se realicen con la participación de un delegado de cuadra (un cargo rotatorio); pues, entre vecinos se conocen, y se puede identificar mejor a las familias más necesitadas. Pero a la vez, se fortalece la amistad, la confianza y empatía social. Y esto es muy muy importante, pues con ello progresivamente se amplía la gobernabilidad democrática y facilita la implementación de otra propuesta, que a continuación expongo.
Esta propuesta está relacionada a mejorar los mecanismos de adquisición de alimentos. Los vecinos ya organizados por cuadras y teniendo un coordinador, canalizan mediante este representante, su pedido de compra hacia las áreas de desarrollo económico y control sanitario, quienes, a la vez, con este mecanismo, tendrán mayor poder para fomentar un precio justo de los productos, y controlar la calidad sanitaria de los mismos. Luego, el pedido es entregado al coordinador de cuadra y desde ahí se entrega a cada familia que hizo su pedido. Es mucho más rentable implementar esta idea, desde el punto de vista social, ambiental y la seguridad sanitaria.
Los municipios también, mediante alianzas estrategias con los medios de comunicación radial, pueden establecer segmentos radiales denominados “pastillas para el alma” (por ejemplo), mediante el cual, puedan difundirse mensajes cortos de alto contenido emocional, orientados a fortalecer la unidad familiar y la solidaridad, apelando para ello a la historia, el orgullo regional y otros afines. De este modo, estimulamos la empatía social, pero también afianzamos criterios claves del concepto de ciudadanía, que nos será muy útiles para los tiempos que vienen.
Las ideas expuestas son algunas, de las muchas que se pueden surgir, si se gestiona al vecindario desde la cultura popular y la participación ciudadana. No olvidemos que los seres humanos somos más empáticos cuando sentimos más cerca al otro. Cuando el otro está más lejos, es muy baja la capacidad de cooperación y solidaridad. La gestión de la participación ciudadana y la cultura popular que une, son herramientas valiosísimas de las que se puede echar mano, para fortalecer las acciones contra el COVID – 19.
*[1] Escrito en abril del 2020, por el antropólogo, José Espinola.

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