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Elecciones 2023 en México y el partido “más viejo del mundo”.

Por Israel Jurado Zapata

Desde la llegada del partido Morena y su fundador y principal dirigente, Andrés Manuel López Obrador a la presidencia en 2018, los grupos de la derecha política, empresarial y religiosa principalmente, han procurado generar un ambiente de zozobra, miedo e incertidumbre entre la población civil, ante un supuesto cambio de modelo político para gobernar el país. Lo cierto es que los privilegios de las clases explotadoras y parasitarias (como los políticos) están lejos de verse afectados; salvo que el saqueo del erario al que estaban acostumbrados no sólo durante el periodo neoliberal, ha sido contenido en aras de contar con más presupuesto para los programas sociales. El cobro de impuestos a los grandes empresarios también ha sido uno de los cambios del presente gobierno, aunque también se le siguen asignando grandes obras públicas y contratos para realizar tareas tan cruciales como la educación pública a través de sus señales televisivas, por ejemplo, durante la pandemia por Covid-19.

Pero más allá de algunos logros alcanzados por el gobierno a pesar de la resistencia que ha encontrado en los poderes legislativo y judicial (proclives a defender los intereses de las derechas) para aplicar las reformas que se dicen, diseñadas en favor del pueblo; más allá de la ruptura “a medias” con el neoliberalismo, cuya ideología sigue haciendo estragos en la cultura y la visión del mundo de amplios sectores de la sociedades de México, hay un importante hartazgo (quisiera decir que es generalizado) entre la población hacia el que otrora fue el partido de Estado emanado de la Revolución mexicana (por sus históricas practicas corporativistas, clientelares y corruptas), y otro hartazgo hacia el Partido “de derecha” Acción Nacional (PAN), principal responsable de la necropolítica de las dos primeras décadas del siglo XXI.

Este es parte del escenario político y social en el que se dieron los comicios por las entidades federativas: Estado de México y Coahuila, los últimos dos “bastiones” que le quedaban al partido de Estado. Destaca el primero por su importancia económica y social (pues tiene el mayor número de electores de todo el país), así como por los niveles alcanzados de inseguridad pública, violencia, corrupción. En cualquier caso, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) está a punto de cumplir cien años de dominio político; pero ciertamente llega mermado y debilitado a los dichos comicios, pero conservando sus viejas estructuras para la coacción del voto.

Desde su creación en 1929 como Partido Nacional Revolucionario (PNR) por el general y presidente Plutarco Elías Calles quien, ante las nuevas amenazas de una guerra civil en México, lo impulsaría para terminar con la abundancia de partidos, aglutinar a las fuerzas políticas más importantes a nivel nacional, construir una cultura política con base en el corporativismo y para ser parteaguas del tránsito entre la época de los caudillo y la de las instituciones (Garrido, 1989); y aunque en esa época estuvo inspirado en los partidos comunistas y socialdemócratas centralizados de Europa, con el fin de la Segunda Guerra Mundial y la influencia de Estados Unidos en el país, terminaría sometiéndose a los intereses cupulares del capitalismo nacional e internacional para sobrevivir al mundo bipolar que emergía de aquel conflicto.

De entre su diversidad interna destaca el llamado “grupo Atlacomulco”, que de la mano de Isidro Favela (gobernador en 1942), se convertiría en el cacicazgo político más importante de la entidad mexiquense (y uno de los más poderosos del PRI); dominando su vida política hasta el presente mandato de Alfredo del Mazo Maza (2018-2024), sumiendo a la mayoría de sus pueblos y comunidades de la entidad en el desamparo ante instituciones corrompidas, sistemas de justicia ineficientes y cómplices de la delincuencia organizada, cárteles del narcotráfico, pobreza, marginación y los más altos índices de feminicidio en el país. Esta forma de conducción de la administración en la entidad ha provocado el surgimiento de los cinturones de miseria que rodean a la capital del país: la Ciudad de México, con la invasión de las faldas de los cerros que rodean a la cuenca de México, al igual que la misma entidad rodea a la ciudad por sus flancos norte, oriente, poniente y sur-oriente.

No obstante, su primera abanderada a la candidatura gubernamental, Alejandra del Moral Vela, mujer blanca, empresaria, exfuncionaria de la entidad y acusada, entre otros delitos, por desviar recursos públicos mediante quince empresas fantasma y la adjudicación de cuarenta contratos públicos con el gobierno de la entidad, desfalcando cinco mil millones de pesos, cuando se desempeñó como secretaria de Desarrollo Social (Infobae, 1 jun, 2023, bit.ly/3MW2tct). Por esto y más, el candidato tecnócrata y angelado ya no emociona a los ciudadanos, y contrasta frente a una candidata de Morena: la Mtra. Delfina Gómez, surgida de las bases sociales, mujer de apariencia común con la que las masas populares se pueden identificar, pues además de hablar como ellas, utiliza un lenguaje incluyente.

Ante la importancia histórica de la elección, los mexiquenses esperaban el despliegue de todo el aparato político del PRI en la entidad, lo cual implica un estado de violencia generalizado, y las prácticas de compra y coacción del voto más burdas, como el robo directo de urnas electorales, la amenaza a los electores y el carreo de votantes. Y aunque sí hubo disturbios y confrontaciones en diversos municipios de la entidad, entre los operadores políticos de Morena y las bandas de golpeadores del PRI, las elecciones estuvieron lejos de verse amenazadas. Entre las 7:00pm y las 9:00pm la candidata Del Moral salió en los medios de comunicación masiva a reconocer que las encuestas de salida no le favorecían y, por lo tanto, a reconocer virtualmente el triunfo de Delfina.

Si bien hubo competencia entre liderazgos locales de Morena en el Estado de México, se logró el cierre de filas, aún con los partidos aliados: Partido del Trabajo y el siempre espurio Partido Verde Ecologista de México, que terminaron apoyando a la candidata de morenista. Pero no así en el estado de Coahuila, donde el PRI sí logrará cumplir los cien años en el poder, en una de las entidades más pobres y marginadas del país, por cierto, donde este partido no ha hecho nada mas que corruptelas. Por ello el presidente del país ha llamado a la unidad para lograr un apoyo mayoritario para la elección presidencial de 2024 y para los congresos, para impulsar las reformas que no se lograron en este sexenio.

Hay que señalar que en el caso de Coahuila hubo diversas acciones de violencia en contra de los operadores políticos del partido Morena, esto a pesar de que los partidos de la “alianza” (PRI, PAN, Partido de la Revolución Democrática y Partido Nueva Alianza) parecían tener certeza de su triunfo. Lo cierto es que el llamado “Grupo Moreira” que domina desde hace más de dos décadas en esta entidad, fueron los responsables de esta clase de incidentes, donde inclusive “levantaron” a veintisiete operadores políticos de Morena, con ayuda de las policías estatales (Aristegui, junio 4, 2023: https://acortar.link/pTFaHY), todo con tal de impedir que la sociedad coahuilense elija libremente a sus representantes en el gobierno.

La sociedad de Coahuila tendrá el estigma de haber tolerado cien años de corrupción e impunidad de la clase política (priista principalmente), cien años de estancamiento y subdesarrollo. Pero el triunfo de la Mtra. Delfina tampoco garantiza (con ella misma lo ha señalado) el fin de décadas de corrupción en la entidad mexiquense pues, no sólo permanecen agazapadas las estructuras políticas del PRI, sino que muchos de sus militantes y liderazgos “se pasaron” al partido Morena para apoyar esta elección y seguir viviendo de la política, mas no porque compartan los ideales de la llamada “cuarta transformación”, o estén preocupados por las duras condiciones en que sobreviven las clases trabajadoras o los pueblos indígenas.

 

Ilustración: Portal lasillarota
#ReflexionesAmericanas

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