El futuro de los partidos que perdieron

Por:  Edgar Vásquez
Varios lucen desolados, pagando caro la osadía de la ambición política sin base social, sin doctrina y también sin plata ni influencia. Lamentablemente estas variables convergen cuando se hace política para gobernar y no para servir, cuando hay apuro por el poder y se pierde el sentido social; aquello que hoy es considerado una utopía pero que en esencia le otorga sentido a la política y que hoy se muestra como una idea utilitaria, cortoplacista y usurera.
¿Qué pasará con las fuerzas políticas que fijaron sus esperanzas en el próximo quinquenio y resultaron con boleto de espera, las que naufragaron o fueron desembarcados del proceso?

Por ejemplo, en el caso de Acción Popular, es el mismo presidente del partido quien aparentemente busca marcar territorio y ‘quemar’ a su excandidato Barnechea, en el Apra levantaron el luto de la campaña y en están en una silenciosa reingeniería partidaria pero con pugnas ya evidenciadas; los mismos rostros, con otra fachada. Mientras que en APP o el fujimorismo antes de pensar en política, hacen cuentas de los millones que perdieron.

Hay viejos conocidos que comienzan todo de nuevo, y aparentemente con la misma fórmula, la recolección de firmas requiere recursos y cualquiera, al menos limpiamente, no lo hace. No seamos ingenuos. Una campaña para inscribirse o participar de una elección no se logra con aportes de ilusionados activistas, no se hace de sol en sol, sino de millón en millón.

Lo que quedó claro es que los electores estaban dispuestos a considerar propuestas y rostros nuevos, el problema surge cuando solo vienen cargados de discursos pero política y moralmente son frágiles.

La inconsistencia partidaria pasa por el tiempo y la oportunidad. Grupos políticos que anexan la coyuntura a lo que un líder de paso acumule, aprovechan la ocasión y con buen capital inician el recorrido electoral y cuando toca perder, ocurre lo que hoy vive el Toledismo y pudo pasar-perder su inscripción- el Humanismo, el Nacionalismo y otras “fuerzas” que resultaron más endebles que la ley electoral vigente.

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