Distingamos cuándo el orgullo es orgullo vanidad o soberbia
Por: Amaro Rodríguez S.
El orgullo es un sentimiento natural a manera de un motorcito encendido, que nos brinda energía y aliento para seguir con mayor rapidez y decisión a la consecución de nuestros anhelados sueños, para hacerlos realidad. Sueños concebidos desde nuestra infancia a la edad que tengamos, venciendo diversos obstáculos que se opongan en nuestro camino.
Quien no ha sentido el natural sentimiento de orgullo al lograr determinadas metas, por los éxitos de nuestros padres, de nuestros hermanos, de nuestros hijos, o de nuestros verdaderos amigos, pero cuando sentimos una excesiva estimación hacia sí mismo por nuestros propios méritos, nos lleva a creer que somos superiores a los demás y estamos bordeando la vanidad. A veces es difícil precisar cuando el orgullo en orgullo o vanidad.
Llegamos a la vanidad cuando tenemos deseos y afán desmedido de ser admirados, cuando tenemos la creencia excesiva en nuestras habilidades, o en la atracción que se causamos entre los demás y si en nuestra vanidad experimentamos un tipo de arrogancia, estamos llegando a la soberbia.
Mientras que la soberbia se manifiesta como un sentimiento de superioridad frente a los demás, que provoca un trato distante o despreciativo hacia otras personas, por la valoración de uno mismo por encima de los demás, es una sobrevaloración del Yo, respecto a otros, es un sentimiento de superioridad que llega a presumir de cualidades, menosprecia a las ajenas, es la exacerbación del ego, como persona autoritaria y envidiosa los valores ajenos.
Un proverbio dice “el oro hace soberbios y necios”, mientras que Salomón sostiene “Donde hay soberbia, allí habrá ignorancia, mas donde hay humildad, habrá sabiduría” y José de San Martín sentenció “La soberbia es una discapacidad que afecta a los pobres infelices mortales, que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”.
Por su parte San Agustín precisa “La soberbia no es grandeza, sino hinchazón y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano”
Lo importante para los hombres es saber mantener el equilibrio entre nuestras virtudes y defectos para no convertirnos en vanidosos ni soberbios y debemos pensar que el equilibrio se da como ley universal tanto en el microcosmos a nivel de átomos, como en el macrocosmos a nivel de astros y galaxias, y quienes creemos en un Dios demos gracias y pidámosles mantenernos en el marco de la humildad, para las energías vayan a dinamizar la materia como masas en singular equilibrio.
