OpiniónTendenciaTrujillo

Discurso por el Día del Periodista por Lucyana Zavaleta Urtecho

Por: Lucyana Zavaleta Urtecho

No se puede hablar de democracia sin periodismo, pero tampoco se puede hablar de periodismo sin pasión y sin ética. Sin estos dos requisitos indispensables, el ejercicio de esta noble profesión no sería posible. Bob Woodward y Carl Bernstein, los reporteros sabuesos de The Washington Post, no hubieran tenido éxito sin poner mucha entrega y transparencia a esta profesión. Ellos se abocaron a auscultar las entrañas del poder en el gobierno de Richard Nixon no pensando en traérselo abajo, sino con el único objetivo de cumplir con su trabajo fiscalizador. Y lo hicieron con el mayor de los éxitos, dejando un modelo y precedente en el periodismo de investigación.

Lo mismo se puede decir, remontándonos al caso peruano, de los periodistas Willy Retto, Jorge Luis Mendívil, Félix Gavilán, Octavio Infante, Pedro Sánchez, Jorge Sedano, Eduardo De la Piniella y Amador García. Ellos se encaminaron hacia Huaychao, en las alturas de Huanta (Ayacucho), no pensado en que iba a ser su último viaje, sino que fueron en busca de la verdad, algo que nos debe motivar siempre.

Con la misma pasión se aventuró Jaime Bausate y Meza a crear y fundar el primer periódico de América del Sur, llamado el Diario Curioso, Erudito y Comercial de Lima, marcando una historia imborrable en nuestro país e impulsando el inicio de la apertura de medios de comunicación en nuestra patria.

Justamente, en honor a este importante logro, y a propuesta del primer Congreso Nacional de la Federación Peruana de Periodistas celebrado en 1950, el 1 de octubre de cada año es una fecha especial. El Día del Periodista es el reconocimiento a la esforzada labor que muchos colegas realizan a diario para llevar información a los ciudadanos.

Verlos correr detrás de la noticia a cada de ustedes, poner empeño en la redacción de las mismas o en sus despachos en sus respectivos medios de comunicación, tratando de dar lo mejor, es revalorar a aquellos hombres y mujeres que murieron y pusieron el pecho por el bien de la sociedad.

De allí que sea necesario y justo hacer una pausa y darse un tiempo para celebrar los éxitos obtenidos en el ejercicio de nuestra profesión, estrechar lazos de amistad, pero sobre todo reflexionar sobre el valor del periodismo, teniendo en cuenta que esta profesión es como la vida, es decir, muchas veces se aprende más de los desaciertos que de los aciertos, que nunca vamos a ser los mejores cuando nos dicen que somos los mejores y que siempre hay que poner todo de nosotros, porque sobre nosotros recae una enorme responsabilidad, la responsabilidad de nunca estar al lado del poder, la responsabilidad de acompañar al poder, pero fiscalizando para que este se ejerza de manera correcta, sin abusos y prepotencia, teniendo siempre presente la enorme premisa del escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski, quien nos dejó muy claro una verdad indiscutible: “Las malas personas no pueden ser buenos periodistas”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *