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¡Nos indignamos! ¿Y qué más?

Por: Gloria Montenegro Figueroa*

Fiestas navideñas con dos nuevos feminicidios y dos intentos más de feminicidios que nos conmueven e indignan, sí, pero que, sobre todo, reafirman nuestra convicción de que el trabajo por parte del Estado debe ser redoblado. Y cuando hablo de Estado me refiero no solo al Ministerio de la Mujer. El compromiso debe ser de todos los poderes del Estado, a todo nivel: Poder Ejecutivo, Poder Judicial, Ministerio Público, los gobiernos regionales y locales, debemos tener claras nuestras obligaciones: atender de forma diligente a las víctimas y actuar de forma rápida para prevenir que nuevos casos ocurran.

En cuanto a lo primero, la atención, el Ministerio de la Mujer ha actuado de forma rápida y diligente: hemos recibido más de 150,000 denuncias por violencia contra las mujeres en los Centros de Emergencia Mujer; 2,500 mujeres llegaron graves a nuestras Casas Refugio, además de más de 350 tentativas de feminicidios.

En cuanto a la prevención, es fundamental promover el cambio de actitudes, creencias y comportamientos que legitiman o perpetúan la violencia. Y esto muchas veces colisiona con prejuicios e incluso fuerzas interesadas. La respuesta que recibimos son burlas, insultos o desaliento. Mucha crítica, poca propuesta. No se quiere entender que la mentalidad machista de una sociedad es un problema estructural que mata, y somos conscientes que esto no se cambia de la noche a la mañana, pero también estamos absolutamente convencidos que no podemos retroceder, tenemos que seguir hacia delante; es lo que le debemos a las millones de mujeres que luchan por sus derechos en nuestro país, y a aquellas que han perdido la vida víctimas del machismo.

Y en esta tarea, de algo estoy segura: la prevención de la violencia contra las mujeres exige la participación del Estado y de todos los segmentos de la sociedad, en particular de los hombres y los niños varones como socios y compañeros en la igualdad de género y las relaciones respetuosas. Este trabajo conjunto debe ser realizado con energía, convicción y sin descanso.

La violencia contra las mujeres es generalizada y no discrimina por estrato social, etnia, cultura o religión. Lamentablemente, todavía como sociedad no somos conscientes de ello y por eso muchos reaccionan con indiferencia. Como cuando hay simulacros para la gestión de riesgo, ni se mueven, piensan que el terremoto nunca llegará a su zona. Eso viene pasando con todos nuestros esfuerzos de prevención, no son tomados como urgentes e importantes. Y estamos decididos a cambiar esto.

Porque si no cambiamos las raíces de este problema, se seguirá manifestando ahora y en el futuro, y cada vez más fuerte, repito, son temas cuya solución es de largo aliento pero demos de nuestro tiempo, esfuerzo y compromiso, hablemos, dialoguemos con nuestros hijos, pareja, familiares, participemos de los programas preventivos para saber cómo podemos ayudar en cada circunstancia.

Nos encontramos en un momento crítico de la historia: nunca antes habíamos presenciado un compromiso al más alto nivel por la erradicación de la violencia contra las mujeres y las niñas, que lejos del discurso político ha aterrizado medidas concretas con presupuesto específico para su implementación. Estas circunstancias nos brindan un optimismo fundado de que ganaremos la batalla si trabajamos juntos de manera articulada. Tenemos la voluntad política y el apoyo del presidente Martín Vizcarra, del presidente del Consejo de Ministros Vicente Zeballos y el gabinete; se vienen sumando gobiernos locales y regionales y hago un llamado a la sociedad en su conjunto para que también se unan a la lucha, desde el hogar, las escuelas, los medios de comunicación, los espacios públicos. Orientar a los estudiantes para evitar las relaciones tóxicas, a las mujeres para que sean conscientes de sus derechos y no esperen hasta que sea muy tarde para pedir ayuda, a tener el aparato estatal lo más preparado y especializado posible para hacer su labor. Necesitamos tu ayuda con este problema y con otros más, para llegar a ser la sociedad igualitaria, inclusiva, democrática y justa que aspiramos.

Que quede claro: no puede haber paz ni progreso ni igualdad si las mujeres y niñas son violentadas. La sanción y represión no es suficiente, pero sí es indispensable. La violencia no se puede aceptar, no se va a tolerar y los agresores recibirán su castigo. Invocamos a las autoridades competentes, las máximas sanciones que la ley permite para los autores de estos delitos, que son, además, una radiografía de la barbarie que nuestra sociedad es capaz de producir.

*Ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables

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