Varicela 'complicada'.
Por: Mirko Vladimir Campaña Boyer
Desde que La Industria de Trujillo dio a conocer las primeras tres muertes ocasionadas por varicela ‘hemorrágica’, vi con gran atención y sorpresa las diferentes reacciones en redes: todas de indignación, lamento y preocupación. Pero lo que más me llamó la atención fue leer declaraciones de diversos médicos, quienes se sumaron a las afirmaciones oficiales de la Gerencia de Salud de La Libertad. En concreto, señalaban que tres muertes (en ese entonces, pues hasta hoy van cinco), no son una situación de alarma y que no habría por qué declarar en emergencia la salud pública de los niños en nuestra región. Asimismo, criticaron fuertemente la labor periodística.
Veamos algunos detalles al respecto.
Primero: el desabastecimiento de esta vacuna en nuestra región y que debiera ser aplicada a los niños (con o sin alarma epidemiológica), ya es un tema de mucha preocupación.
Segundo: es lamentable que el derecho a vivir sea reducida a una estadística. ¿Por qué estos niños tienen que pagar el precio de la ineficiente labor del Minsa y del Estado en general? Sabemos que el grupo de riesgo son los que sufren de anemia; es decir, los que sobreviven con una alimentación inadecuada y pertenecientes a familias con ingresos bajos o medianos, situación que también es de responsabilidad del Estado. (Hoy acabamos de enterarnos de una denuncia sobre el programa Qali Warma en la que se encontraron gusanos en los alimentos que se distribuyen a los niños de nuestro país). ¡Gracias, Ollanta Humala!
Tercero: la labor del periodismo es exigir a las autoridades tomar medidas inmediatas para evitar más muertes. Señora ministra de Salud, Patricia García; señores de la Gerencia de Salud; señor premier Zavala, no queremos que ninguna estadística sea la respuesta a esta preocupante emergencia. En lo posible, queremos recuperar la calma y la esperanza de tener un Estado que se preocupa por una real salud pública de los peruanos. Queremos medidas de prevención, un plan de emergencia que abarque desde ofrecer una campaña de educación sobre la enfermedad, el acceso al SIS, hasta el ingreso inmediato de vacunas. Traernos la receta de la abuelita es una falta de respeto y causa no sólo indignación en la población, sino exclusión.
Las familias que perdieron a sus menores no esperan que les digan: «es normal, la muerte de su hijo está dentro de lo establecido para este tipo de casos». Esta no es la revolución social de la que nos contaron… De ser así, todo fue un cuentazo…
