RETAMAS: LA VULNERABILIDAD DE LO COTIDIANO

#ElMiradorNorteño

Por: Juan Castañeda Murga

La tragedia ocurrida en Retamas nos invita a reflexionar acerca de cómo los procesos humanos construyen las condiciones para los desenlaces fatales y no la naturaleza con toda su furia. La ubicación de asentamientos urbanos en zonas de riesgo es el resultado de la relación del hombre con la naturaleza en determinados contextos, en este caso determinado por la cercanía a los yacimientos mineros sin tener en cuenta las condiciones geológicas.

La geodinámica en la zona es muy activa y las fuentes históricas nos señalan una serie de eventos ocurridos en la provincia de Pataz desde tiempos antiguos. En 1760 el pueblo de Challas se hundió debido a la «falta de solidez de la tierra», motivando a que sus pobladores migraran primero a Suyupampa y después se dividieran en dos grupos y unos migrasen a Cotos y los otros a Huancaspata. Dieciseis años después el alcalde de Cotos, Esteban Carguarica, justificaba el desastre ante el obispo Martínez Compañón diciendo que lo ocurrido era «por nuestras ofensas a Dios». En diciembre de 1785, los pobladores de Cotos fueron reducidos en Huancaspata. El asiento de La Soledad se ubica en las faldas de un cerro y su alcalde don Pablo Collantes informó que en invierno con las lluvias apareció «una abertura que se va abriendo más y más». El doctrinero Fernando Uzquiano Murga decía que Challas estaba mal ubicado, y temía que «dicho cerro, porque según la experiencia es todo movedizo, quando menos se piense arruine todo el asiento».  A partir de este informe el obispo ordenó que se trasladase La Soledad a la Pampa de Llacuabamba, pero por alguna razón no llegó a ejecutarse.

El sabio Antonio Raimondi en su recorrido por la provincia de Pataz en 1860, refirió que en los alrededores de Parcoy había bastante oro pero que se hallaba en “tierra muy suelta sujeta a muchos derrumbes”, por lo que la actividad minera en el cerro Puyhuancito se había paralizado “por las continuas desgracias que acaecieron”. Consideraba este autor que el camino entre La Soledad y Llacuabamba era malo por los derrumbes. De Tayabamba decía que se hallaba sobre suelos de formación talcosa y porfídica, que describe como “una tierra amarilla muy suelta y que se derrumba con facilidad”.

Otra fuente que nos señala la fragilidad de los suelos de Pataz es el informe del subprefecto Manuel Cáceres publicado en 1874. Informó que La Soledad era un pueblo “quebrado” y con terrenos deleznables. Del distrito de Chilla decía que entre los meses de enero y marzo ocurrían tempestades provocando derrumbes que perjudicaban a la agricultura y la minería. Asimismo, del distrito de Huancaspata refería que sus suelos eran deleznables, que se afectaban especialmente en los meses de octubre a abril por las lluvias.

Finalmente, el viajero Marcel Monier en 1888, se espanta de la geografía difícil de la zona, donde “cada paso determina un alud de grava de piedras”.

Este repaso de datos históricos, nos permite ver la cotidianidad de los desastres y tenemos que aprender a convivir con ellos, buscando la manera de mitigarlos.

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