¿En qué piensan los que no combaten?

Yuri Castro

Por: Yuri Castro

Pena, frustración, rabia e indignación. Las sensaciones que me generan las personas que no acatan las medidas sanitarias y restrictivas para evitar el masivo contagio del coronavirus me quedan cortas. El insulto, sin duda, está en la punta de mi lengua a poco de ser escupido, pero me resisto por respeto a los que en verdad si combaten hoy, mañana y siempre. A aquellos que ponen en riesgo sus vidas y las ofrecen sin importarles nada o quedar en el anonimato, como el soldado del EP Ronald Mamani Ajajuhui, atropellado por un sujeto de los miles que no cumplen con la orden de inmovilización social decretada por el gobierno. De él seguro nos olvidaremos pronto, al igual de las personas que están metidas de cuerpo entero en esta lucha, mientras otros se ríen parados en una esquina, demostrando de la “viveza” de la cual están hechos.

Somos periodistas, pero más allá de eso somos humanos, y cada colega entrega lo suyo desde su respectiva tribuna, dedicándonos a informar sobre cómo avanza este monstruo para el cual todavía no hay arma para derrotarlo. Pero no estamos solos. También hay Mamanis en los hospitales, quienes se merecen el respeto de los “palomillas” de barrio que deben ver la real magnitud del problema al cual nos enfrentamos.

“Nos están preparando para todo, esto parece la tercera guerra mundial, en Francia están al tope, no tienen más personal (médico), no tienen infraestructura, está todo lleno, y están mandando franceses (contagiados con el virus) para acá, rueguen por mí”, me comentó hace poco una de mis hermanas que radica hace años en Alemania que, a pesar de ser obstetra de profesión, está siendo preparada para ayudar en la atención a los pacientes con coronavirus en los hospitales. Una muestra de que Francia, con su enorme poder económico, se ha puesto de rodillas ante esta bestia y ahora se sostiene de Alemania. En Paris ya no hay tiempo para el enamoramiento al pie de la Torre Eiffel, sino para llorar a las 500 personas que han perdido la vida por este mal.

Canadá, otra potencia económica, también libra una lucha contra este bicho. Hay miles de contagiados y más de 10 muertos. “Es un enemigo silencio, pero letal”, me dice otra de mis hermanas que radica en ese país, enfermera de profesión, que ve la realidad desde el hospital donde trabaja. “Las salas se están llenado de pacientes”, me comenta.

En fin, así como ellas, en el Perú y en el mundo, hay millones de soldados haciéndole frente a este mal, poniendo todo de lo suyo para que no avance, mientras tú, palomilla de barrio, jodes al que sí combate.

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