“Tomar agua nos da vida, tomar conciencia nos dará agua”

22 MARZO: DÍA MUNDIAL DEL AGUA

Por Carlos A. Bocanegra García *

Así reza un slogan de Acción Poética, colectivo que expresa una realidad soslayada y que solo se recuerda en celebraciones, más no en acciones.

Cada 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua, sin embargo, no  deja de sorprendernos los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y sus consecuencias que traerá el calentamiento global para el mundo en las próximas décadas.

La ONU ya lanzó una alerta de que en el 2050 el planeta vivirá un “infierno climático”, que ya lo estamos viviendo en sus inicios. Ello implica más desastres, más incertidumbre» y sobre todo menos agua potable.

En este marco, despierta curiosidad imaginarse cuál será el destino de una pujante y moderna ciudad como es Trujillo, asentada en la  Región La Libertad (Perú), que sin duda se encuentra expuesta ante las amenazas climáticas y no climáticas que la hacen altamente vulnerable y que a lo largo del tiempo dejará de ser un lugar lleno de vida para pasar a ser un lugar espeluznante, tugurizada y lleno de refugiados ambientales con restos urbanos y playas destruidas, en suma una sombra de la civilización, debido a que su economía se sustenta en la agricultura costera (Proyecto Chavimochic), la misma que depende el 100% del agua proveniente de los glaciares de la cordillera blanca de Huaraz y que según las investigaciones se agotará en no menos de 30 años como consecuencia del calentamiento global. (Desde 1970 al 2012, la cordillera blanca ha perdido unos 200 kilómetros cuadrados de hielo).

Lo anecdótico es que la ciudad de Trujillo se originó en el desierto del valle Moche y que ahora por la transformación se ha convertido en extensos cultivos, que de cumplirse los pronósticos terminarán por secarse y volver a ser un desierto con las consecuencias de desastres sociales que los acompañarán.

Los denominados  políticos hasta ahora solo piensan y actúan en función de las ganancias que implican las exportaciones de los vegetales que se producen. Como quiera que la ciudad de Trujillo es la depositaria del “boom económico”, también lo es de lo que pueda ocurrir en términos de agotamiento del agua y la proliferación de los desastres sociales.

Dentro de los espacios de “desarrollo”, los espacios urbanos y rurales de Trujillo se tornan cada vez más cercanos a la idea de la devastación urbana. La ciudad futura de Trujillo no es un ciudad utópica, es una ciudad distópica que acentúa las problemáticas actuales relativas a como nos relacionamos con el entorno.

Quizá el cambio climático global sea la metáfora de este mundo distópico y en particular de futuro apocalíptico de la ciudad de Trujillo, que la podemos encontrar a la vuelta de la esquina. No es intención describir solamente la tendencia a imaginar un futuro discordante para la ciudad de Trujillo conducente a la distopía y al pesimismo en base a los datos científicos actuales, se trata de tomar conciencia que los problemas estructurales que hay en la actualidad en la forma con la que nos relacionamos con el entorno en el que vivimos más que solucionarse van o irán a peor.

La desglaciación, la limitación del recurso agua como punto de partida del colapso de la agricultura costera que proyecta una ciudad de refugiados ambientales, con economía destruida, así como sus playas sin fin donde la población se hacina y lucha por una supervivencia día a día, como si encarnarán a los “miserables” de Víctor Hugo, excepto para las clases pudientes, que como siempre tendrán la capacidad de huir  a lo que será  una tierra devastada y tugurizada.

Tomemos como ejemplo los impactos ambientales negativos  ocurridos de la I y II etapa del Proyecto Chavimochic, que al poner en marcha su III etapa, se convertirá en un paradigma, pues caerá por la insostenibilidad hídrica que le sirve de base o sustento. La visión crítica de la sostenibilidad hídrica y sus consecuencias es de profunda desconfianza ya que si bien por un lado la ampliación de la frontera agrícola  proporciona mayores niveles de comodidad para la población, por otro lado el calentamiento y la desglaciación son irreversibles que terminarán aniquilándola.

Esta fractura ambiental -económico-social la podemos vislumbrar en Trujillo, cuya realidad es constatar el creciente deterioro ambiental cual desastre natural se confunde con el desastre social por la altísima tasa de delincuencia y de delitos mortales que se suceden día a día.

Las profecías apocalípticas tienen más visos de seguir consolidándose, a tenor de los fracasos de las cumbres para el cambio climático de los últimos años, que los intentos de corregir, atenuar o contener estos problemas estructurales de espacialidad y habitabilidad y racionalidad.

Asumo los riesgos de equivocarme, sin embargo es  mi intención alertar al pueblo trujillano del escenario espeluznante que le espera, que de ser verdad debe buscar justicia por la muerte, desdicha y ostracismo en la que se sumirá por el permanente estrés hídrico, por eso no olvidar que “tomar agua nos dará vida, pero tomar conciencia nos dará agua”.

* Biólogo Pesquero, Docente de la UNT, fundador del Movimiento Ambiental Regional (MAR).

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