15 DE ABRIL, MUERTE DE CÉSAR VALLEJO: SU PASO A LA ETERNIDAD

Por:  Carlos Caballero Alayo

Hoy recordamos 84 años de la desaparición física del insigne vate santiaguino, César Abraham Vallejo Mendoza, su obra que ocupa un lugar preferencial en las letras peruanas, hispanoamericanas y universal, adquiere en la actualidad aún más vigencia. Debemos reconocer y valorar su proyección universal. Ella encarna el conflicto entre las clases sociales y las culturas y el pedido permanente de acabar con esta disparidad en forma pacífica. Él no creyó en el odio sino en la solidaridad del hombre con todos los hombres, de todas las razas y de todos los credos.

Tenemos una abundante y extraordinaria bibliografía vallejiana, un caudal verdaderamente profundo e inagotable, en el que nos hablan del valor y la grandeza de la obra del vate de Santiago de Chuco, por lo que parafraseando a un destacado Vallejista, señalamos: Viviendo el hombre en los extremos de su existencia histórica, cuando se asoma tenebroso al peligro de su destrucción definitiva, en el culmen del sufrimiento y de la efusión de toda su sangre, cuando se avista el riesgo final no solo de su acabamiento sino de toda la vida en el planeta con la catástrofe inminente del aniquilamiento atómico, desatado infernalmente por el siniestro lodo de sus lóbregos instintos ciegos, se erige como contraparte una luz redentora brotada desgarradoramente de las más hondas entrañas, única poesía de César Vallejo cuya luz imponente, esencial, es la suma cifra de toda humanidad.

Este conmovedor testimonio acerca de César Vallejo corresponde al poeta Manuel Moreno Jimeno. Nos parece una muy buena y acertada valoración de su obra. Creemos que, en el surgimiento, desde la desesperación, de la esperanza que es observable a través de lo que el genial poeta santiaguino dejo escrito, radica el valor y la grandeza de esa obra, entendiéndose por algo valioso aquello que signifique una luz, una visión, porque la gente necesita esperanza de un mejor porvenir, o, en caso contrario, se desmoraliza y anda desenfrenada. Esa es la esperanza que encontramos en el verso vallejiano. Hoy que nubes negras se ciernen sobre la humanidad, y en las que no encontramos ningún resplandor de esperanza, se nos presenta la poesía vallejiana como un rayo de luz, que quizás nos ilumine para encontrar la salida, tan desesperadamente necesaria, de un prometido mensaje.

Abordemos la obra del gran César Vallejo mirando hacia la esperanza presente en ella, hay que situarlo en el mundo que le tocó vivir, según se refleja en sus versos; percibiendo sus interiores emociones y sentimientos; y acogiéndose a sus ideales orientados hacia la esperanza de un mañana mejor.

Esta grandiosa obra, es el resultado de tres factores primordiales: el mundo que ante su vista tuvo el autor, el efecto que lo observado tuvo en el interior de su ser y los ideales que concibió con el propósito de mejorar aquello que observó.

Por espacio damos una pincelada a sus ideales. Vallejo, desde un principio, en su poesía se observa un ideal orientado hacia el mundo en el que la libertad, la paz y el pan no sean los grandes ausentes como hoy lo son.

Y cuando nos veremos con los demás, al borde

de una mañana eterna, desayunados todos.

                       La cena miserable (Los heraldos negros)

Antes, en este poema se ha referido a la falta de pan en una cena miserable, aún ahí se presenta la visión de una mañana eterna en la que todos estarán desayunados. ¿cómo se podrá llegar a esta mañana eterna?, Vallejo siente que es por el hermanamiento de los hombres; que bien se nota este sentir en el gran poema Masa.

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «¡No mueras, te amo tánto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
«¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando «¡Tánto amor, y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar
                  España, aparta de mí este cáliz .

 

Alberto Escobar, citado por Caballero (1992:129) sobre este poema ha escrito:

Nos hallamos, pues, ante un texto que narra algo que, para nuestra lógica, es

un hecho absolutamente extraordinario, fantástico, inexplicable; y que, sin em-

bargo, para el razonamiento y coherencia internos que operan en esa poesía,

es fruto de otros sujetos comunes y corrientes; esto es, que lo extraordinario

deviene de lo ordinario; que lo que parece sobrenatural es fruto logrado por la

acción de todos los hombres. Pero no por un determinado, ni por varios, ni por

muchos, ni por millones de ellos; el prodigio ocurre en el texto solo cuando

“todos los hombres de la tierra” rodearon el cadáver; vale decir,   cuando   la

solidaridad humana alcanza su rango más sobresaliente, cuando se convierte

en solidaridad universal.

Por eso, si hemos de esperar el fin de los males nuestros, todos y cada uno de los humanos, todos y cada uno de nosotros, debemos comprender esta necesidad de solidaridad universal, ya que solo mediante la solidaridad se construirá el mundo de libertad, paz y pan.

Ese es el mensaje de la ideología vallejiana, y a él nos asimos con firmeza, con la esperanza que luminosa se presenta en sus versos. Por nuestra parte no seremos el que ‘pegue duro con un palo y duro también con una soga’ al hermano de al lado; más bien, ese hermano será redentor nuestro y le diremos:

“¡Perdónanos, hermano, nuestras deudas!”

Entonces quizás seremos el primer hombre a quien el hermano abrace y luego se eche andar. Sí, César Vallejo, ya comprendimos el mensaje de tu genial poesía, y por él te decimos: ¡Gracias!

Al celebrar este aniversario, de su muerte física, debemos enfatizar que Vallejo es el símbolo del intelectual comprometido con su pueblo y con su lucha por la justicia. Su pensamiento es vigente, y él, por sus ideales, sigue vivo entre nosotros.

¡¡ VALLEJO ES UN CLÁSICO QUE PASÓ A LA ETERNIDAD!!

 

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Caballero Carlos (1992) César Vallejo: Perfil biográfico y literario. Trujillo: Edit. Libertad. E.I.R.L.

Moreno Manuel (1988) Actas del coloquio internacional sobre César Vallejo – Grenoble, 27, 28, 29 de mayo de 1988. Lima: Editorial Perla-Perú.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

A %d blogueros les gusta esto: